Sugerencia

..................................................................................Recomiendo leer mientras se escucha la música que dejo en cada entrada..................................................................................
...................................................................................................................Advierto que tanto escribo elegante como soez....................................................................................................................

sábado, 3 de diciembre de 2022

Dos textos que tendrán el mismo valor que miúltimo párrafo enviado, o que mis palabras que quedaron finalmente sin escuchar, sin reproducir. Consciente de que no tiene valor nada de mí, y consciente de que ya no puedo seguir adelante porque no queda más de mí que romper, escribo con la esperanza de descargar mi corazón al aire, como hice anoche, insignificantemente. 

Mi dolor es tan fuerte por varios motivos, y me encantaría marcharme con uno de ellos, de esta vida para la que ya me han demostrado que no valgo. Quién quiere vivir así, sabiéndose nada, a pesar de todo.


texto 1

Si una sola caricia recibiera, que intentara recomponer mis pedazos, esparcidos tras mil bofetadas de odio e indiferencia. 

Si tan solo una caricia recibiera, que me demostrase que estaba equivocada, que sí que soy alguien, que sí que ha valido todo lo que he hecho. 

Si tan solo me abrazase un segundo, y sintiese el murmullo de mis piezas rotas, sabría que toda yo era corazón.

Si una sola caricia recibiera, vería que corto como el afilado viento gélido en un rostro desnudo; que estoy tan destrozada que nadie me amará jamás.

Si una sola caricia. Una sola. 

Si pudiese entender por qué he luchado tanto,

sin nunca obtener, ni tan siquiera un "perdón por destrozarte".

"Perdón por no haberte sabido valorar, ni haberte visto.

Por infravalorarte. Perdón por ayudar a romper lo nuestro

y cargarte a ti toda la culpa. Perdón por no secar tus lágrimas,

cuando has estado ahí, queriéndome, como a casi nadie,

cuando tus lágrimas te ahogaban".

Jamás. Y este es el destino, vivir vidas separadas, marchándonos odiándonos.

Tú por verme como me ves, y yo a ti porque no hayas visto todo lo demás.


texto 2

Empecé a escribir nuestras vivencias en un archivo, para que no perezcan como lo ha hecho esto que tanto me aferré a no perder. Escribo envuelta en llanto dejando que me abrace la tristeza, grande y rota, de haberme dado toda de mí, y no obtener de vuelta ni la empatía que cualquier persona regalaría a un animal herido. Y me comparo con un animal cualquiera cuando sé que he dado todo por ser más. Escribo sobre lo que se ha muerto y no volverá a ser, escribo sobre papel negro lo que jamás voy a poder perdonar. Mi llanto no obtuvo calma, mis acciones no tuvieron valor, mi llanto no tuvo sobrecogimiento, mi persona era la más prescindible a pesar de todo. 

Escribo sin mirar mis palabras, sabiendo que estoy vomitando con las teclas un sentimiento que ya no sé describir. Quise dar todo, todo de mí, y ya no queda nada, y mis restos se esparcen por el suelo mojado donde pisas fuerte sin mirar atrás; mis esfuerzos, sueños, cariño, apoyo y esperanzas. Mi amor. Todo deshechado por quien consideró mi todo, como nada. ¿Qué tan rico debería ser ahora que no me necesitaba? 

Me escuecen los ojos, me duele el pecho, y diría que es el alma rota que brama desde dentro, pero siento como si mi alma también hubiese muerto. Ya no queda nada, nada de mí. He borrado eso que al parecer odiabas, mi huella en tu vida pública. Porque aparte de no valer de nada en conjunto, ni mis acciones ni yo, también debemos estar bajo una alfombra.

martes, 1 de noviembre de 2022

.

La decepción es el arma más letal.

Es la única capaz de acumularse de a poco,

o de repente ser lo suficientemente grande,

para cargárselo todo en un instante.


Ni mis lágrimas, ni la sangre que emana de mí,

ni lo que conllevaba todo lo de nos,

nada fue jamás importante,

nada suficiente.

Llora, puta, muérete retorcida de dolor.


La decepción,

ya no queda nada. 

miércoles, 12 de octubre de 2022

~Sólo un sueño estúpido que me hizo sentir otra vez como si estuviera en el cielo~

 Ahora mismo este dormitorio es un cielo, idílico, blanco, feliz.

Estoy junto a ti en la cama de sábanas blancas, y lo más puro que veo es tu alma en este instante. Estoy recostada de lado, mi brazo izquierdo está elevado y mi cabeza reposa sobre él, mientras que la mano derecha descansa junto a mis labios fríos, y sin darme cuenta, de comisuras ligeramente arqueadas. Y ¿cómo no iban a arquearse al mirarte? Si de sólo pensarte se elevan al cielo.

Ahí estas, abriendo los ojos despertando de tu sueño. Ése en el que me gustaría estar sumergida de vez en cuando. Me miras, y ambos nos regalamos una sonrisa. Te colocas en postura espero para estar frente a mí y mirarme fijamente.

Sólo nos oteamos y deleitamos el uno con el otro en silencio. Casi escucho nuestro latir conjunto y siento, que somos uno sólo, que no existe nadie más en el universo. Nuestro olor, nuestra esencia es lo único que existe. Tu corazón latiendo en calma con el mío, porque estar a tu lado es mi droga más pura, la que me hace volar mirando al cielo sin cambiar de espacio.

De repente me pongo boca arriba sin cambiar el sentido de mi cabeza, te miro y ahora sonrío más. Tú ríes. «¿Qué pasa?» preguntas entre risotadas secas, de esas de las tuyas que tanto me gustan. Te sonrío ampliamente: «Ya es hora...». Giro mi rostro hacia el lado contrario y hago el amago de levantarme, pero me abordas con tu cuerpo y me dices que no, que no me voy a ninguna parte. Ambos reímos y nos miramos fijamente a los ojos. Tremenda una conexión que se forja en esa intimidad cuando te carcajeas y las miradas se mantienen, tiernas, temblorosas, encorvadas, brillantes. Llevo una camisa de tirantes de raso, color azul celeste, que cubres ahora con tu torso desnudo. El beso se hace de rogar, pero ambos nos devoramos cariñosamente con sólo vernos así. Siendo dos piezas de un puzzle único, encajando perfectamente, siendo dos en un mismo ser en este momento, siendo dos que se aman sin pronunciarlo, siendo. Sólo siendo. Tú y yo, yo para ti y tú para mí. Somos para nosotros. En un Ahora fugaz que parece un Siempre. Somos únicos siendo para con nosotros, pues yo jamás fui así con otra persona, y tú tampoco has sido igual antes, a la persona que eres cuando estás conmigo. Y ahora sé más que nunca, que tus dos luceros son la entrada a un universo donde me quedaría a vivir.

Jugueteamos un poco mientras yo finjo que quiero zafarme de tus brazos, y tú me fuerzas a quedarme en la cama contigo. Reímos y reímos. «No te vayas», me dices con la voz un poco más apagada. Acaricio tu rostro, tu pelo, tus labios... Te sonrío con la tristeza que supone una despedida. «Es hora de despertar».




jueves, 22 de septiembre de 2022

cf

Campos fríos. Donde una deshielada brisa de nube acaricia el valle abandonado que encierra un alma rota. Campos fríos, donde la luna se esconde tras nubes negras que amenazan tempestad para los corazones heridos.

Campo frío de campos, donde se amontonan los cuerpos inertes  de todos aquellos que se atrevieron a luchar batallas anunciadas perdidas desde antes de empezar.

Expresiones rígidas, expresiones de lamento, de dolor intenso a un nivel exacerbado. Benditas sean sus almas que vagan sin rumbo por estos campos fríos. Campos de gritos ahogados, de silentes llantos, de murmullos que se escuchan ahora de la nada, como propagaciones eternas de lo no alcanzado. Aquí en las batallas de los campos fríos. 

lunes, 12 de septiembre de 2022

All I want ~

 ¿Sabes lo doloroso que es? Desear que el recuerdo de aquellos tiempos felices, donde mi persona era agradable a tu vida te provoque la misma ternura que a mí, aún con todo, me hacía querer seguir luchando. Pero yo morí en tu recuerdo, ya la persona aquella no existe ni por atisbo de un instante fugaz cruzando por tu despistada mente. Ya no volveré.

 

Esta es mi despedida, la que tanto tiempo me has pedido en silencio. Me rendí, te felicito por conseguirlo al fin. Aquí se dividen nuestros caminos, pues no siento más que pesar en mi alma, tras haber estado en el campo de batalla demasiado tiempo. Una lucha solo mía. Una que ya no quiero seguir peleando, porque lo que queda de mí, quebró y está sostenido por hilos invisibles de cristal, y basta un soplo de aire fuerte para desprenderme de lo que queda de mi identidad e integridad.

 

Lloro mientras escribo, eso da igual, pero por si las faltas de ortografía pudieran acumularse lo menciono sin más. Y pienso que ojalá hubiese acumulado en mi vida faltas de ortografía en vez de faltas a mí misma, y encima presumiento de mi manera de no equivocarme al escribir. Qué tontera la mía.

 

Y ¿sabes qué me gustaría? Sumergir mis trozos en algua con cal. Así no tendría que continuar, porque es lo fácil (lo dice una suicida recurrente), es más fácil desaparecer que estar. Tú también me lo podrás decir, estoy segura. Pero sé que ahora mi deber es vendar las heridas, y si mil océanos tengo que llorar, llorar dos mil para ir adelantada, y continuar.


Te echaré de menos, de eso no me cabe duda. Pero mi vida está revuelta a tal punto que no sé si ni buscándote en ella te encontraría de nuevo. Ya no me siento yo, y hacía mucho que esto no me sucedía. Años y años. Siento que dí todo lo que tenía dentro, para bien o para mal, y que no guardé nada para mí. Y ahora tengo ese frío que me paraliza la vida recorriendo cada lugar de mi ser físico y emocional. Estoy paralizada sin saber quién soy, así que espero que me entiendas. Deposito la Springfield, maldito científico, sobre este muro azul que nos separa, y la dejo sumergirse entre mareas de lágrimas y desvelos con ansiedad. Te dejo marchar, y contigo, todo lo que se va. 

 

Aquellos días de Try, de P!nk. Los anteriores a esos. Y los que siguieron al bailar con tu fantasma.

 

No puedo decírtelo, desde tu lado ya no hay quien quiera escuchar. Lloro sobre estas destintadas teclas sin consuelo alguno más que el saber que serás feliz sin mí, porque es lo que mereces aunque ahora inlcuso pueda decir que te odio más de lo que te quise. Y sé que en su momento no querías que te odiase, lo siento, supongo que ya se pasará. Cuando deje de sentirme como ahora, que me siento como si no fuese nada, alguien que dejó de importarte, que de repente no existía para ti. Y si algún día echas la vista atrás y ves mi recuerdo difuminado entre la niebla, espero que recuerdes quién fui, lo mucho que te quise, y que siempre creí en tu capacidad para lograr lo que quisieras en la vida. Y es lo que espero que hagas.

 

No tengo esperanzas en que veas esto, pues nada que provenga de mí, desde hace tiempo, despierta tu interés (mucho menos lo hará un blog). Pero aquí queda, escrito para mí. Para recordar lo duro que fue tomar la decisión de despedirme de alguien que ya se había marchado. Y aunque nos veamos quizás en unos días, cosa que ya no tengo clara, no estaremos ninguno de los dos.

 

Te recordaré mirando barcos en el muelle. Otro soñador como yo,

que llegó a soñar conmigo a la par.

Por favor, no te deshagas de lo que te di,

ni el cuadro sin abrir, ni mi anillo favorito, ni mucho menos los momentos que vivimos,

y en los que nos vimos crecer. Incluso el estruendo de mi risa, guárdalo siempre.


 
Esta es especialmente importante para mí.
Ahora también tuya.


martes, 17 de mayo de 2022

No puedo más

 Y ya que has decidido marcharte para siempre,

llévate contigo por favor, todos los sentimientos que me queden y no me los devuelvas más. 

domingo, 17 de abril de 2022

El bosque

Estaba apunto de caer la noche, el frío húmedo bajo la copa de los pinos atravesaba el bosque y corría un aire con filos de cuchillo que parecía atravesar la piel.

Claudia caminaba entre ellos sin importarle, pues la paz que trataba de hallar se encontraba en ese bosque. Siempre en ese bosque. Sonaba el crugir de la pinocha bajo sus pies tras cada pisada, y escuchaba toda vida proveniente de aquél lugar a su alrededor. Se sentía acompañada: allí no se sentía sola.



Con las manos en el bolsillo delantero de su sudadera y cabizbaja para no tropezar, sabía que la luz del sol bajaba, la hora azul llegaba, y las montañas con sus árboles comenzaban a tornarse anaranjadas a su alrededor. No sabía cuánto tiempo había caminado, quizá su coche estuviera kilómetros y kilómetros atrás, pero no importaba.

El olor del bosque se mezclaba con el del frío, ése olor gélido que pocas personas dicen que existe. Pero Claudia era capaz de percibir la mezcla, que llenaba sus pulmones de vida.

De repente escuchó una voz tras de sí. ¿Cómo? No había visto a nadie, ni escuchado a nadie más en todo el camino. Se giró asustada y vio a una señora muy bajita y vestida de forma harapienta que sonreía al mirarla.

-Perdone, no la he escuchado y me he asustado.- dijo Claudia con voz entrecortada. Claudia se dio cuenta de que iba descalza. - ¿Está usted bien? ¿Se ha perdido?

La pregunta inquieta de la joven hizo reír a la señora.

-Vivo aquí, niña. - Su voz era dulce. La señora señaló en la dirección a la que se dirigía Claudia, y ésta se giró para mirar. 

Levantó la vista y vio la pequeña cabaña. Sorprendida volteó a mirar a la señora, que ya se había movido en dirección a su pequeño hogar. Ésta se volteó unos metros alante, miró a la joven y le preguntó si le apetecía tomar una taza de té.

-Hace frío, vamos, entra. Nos prepararé un té de limón y hierbabuena.

Claudia la siguió con una extraña sensación en su cuerpo, le parecía increíble haber recorrido ese bosque decenas de veces y jamás haberse topado con esa cabaña, ni haber visto a esa mujer.

-Pasa, niña, pasa.Siéntate en la butaca al lado del fuego.

Claudia dio las gracias y se sentó allí. La casa tenía un olor muy particular. Olía a madera, olía a especias. Varios gatos aparecieron de repente acercándose a ella. Su cara se iluminó un poco, pues los gatos le encantaban. Uno de ellos en particular comenzó a rozar su pierna, rascándose en ella y roneando.

-Esa es Luz. Es la gata más vieja de la casa. Veo que te gustan los animales, de otro modo no se acercaría. ¿Quieres el té con azúcar o con miel?

-Amargo por favor. Sí, me encantan los animales, tuve una gata idéntica a esta, murió hace años.

-Cuando todo ser se va, jamás se va del todo, ¿cierto? - la anciana tomó la bandeja con las tazas y unas galletas y se acercó. La depositó en la pequeña mesita entre las dos butacas. - Te gusta el té amargo, como a mí. Mi nombre es Paz, por cierto.

-Yo soy Claudia, disculpe que no le haya preg....

-¿Preguntado? - interrumpió la señora riéndose. -Hija si a mí me sorprenden en el bosque como yo lo hice contigo, me hubiera quedado en el sitio. - Riéndose flojito llevó la taza de té a sus labios y tomó un sorbo.

Otro de los gatos, uno de pelaje gris saltó sobre el regazo de Claudia.

-Ése es Hades. Fue quien me guió hasta ti.

La chica sorprendida preguntó si había salido a buscarla.

-Estaba desesperado por salir, abrí la puerta y le seguí. Imaginé que había alguien perdido en el bosque.

-Oh, no... Deambulaba sin pensar, pero he venido aquí muchas veces, aunque nunca había visto su caba..

-¿Qué tal el té? Come galletas, están horneadas desde esta mañana. A Ascensión le encantan. - interrumpió de nuevo y señaló con la cabeza a una gata que estaba sentada junto a la chimenea. Era negra y sus ojos amarillos estaban clavados en Claudia.

Claudia cogió una galleta y se percató de que estaban insípidas, al igual que el té, lo cual le pareció extraño, pues ambas cosas desprendían un aroma muy bueno. Claudia asintió tímidamente y levantó la vista hacia la despensa de las especias.

-¿Qué ocurre? - preguntó asustada al ver la imagen que tenía frente a sí. Los estantes de repente estaban vacíos, y de repente volvían a estar llenos, como un holograma. Se levantó y se dio cuenta de que con la casa ocurría lo mismo: el fuego ya no estaba encendido, la casa estaba sucia y sólo quedaban algunos cacharros en la cocina. Miró a la anciana, que se encontraba de pie junto a ella. Los gatos se habían acercado.

-No te asustes, niña. Te ayudaremos.

Claudia miró sus manos, y la taza de té, junto con la bandeja con pastas había dedaparecido. Con paso ligero, a punto de correr se dirigió a la puerta, que se encontraba tapiada.

-¿Qué pasa? ¿Quién es usted? Déjeme ir por favor. - Suplicó entre lágrimas. -¡Déjeme ir!

La anciana y los gatos caminaron hacia ella. Paz tenía una expresión serena en su cara.

-Te ayudaremos a marchar, niña. Tranquila. Hace tiempo que te marchaste, pero no del todo.

-¡Usted está loca! Por favor, no le he hecho nada. ¡Ayuda! - Comenzó a gritar hacia afuera de las ventanas cerradas.

-Cariño, nadie puede escucharte. No sabes qué te ocurrió, tienes que confiar en nosotros y te prometo que hallarás luz.

La anciana alzó su mano y tocó la frente de Claudia. Esta de repente se sintió mareada y comenzó a llorar. Las imágenes vinieron de repente a su mente como un rayo. Gritó de angustia.

-¡No! ¡No!- gritaba con la mano al pecho. -No puede ser, ¡no! - su llanto era desesperado e inconsolable.

-Te ayudaremos, Claudia. Ven, siéntate aquí. - Paz señaló la butaca de nuevo, la casa de nuevo parecía normal. El fuego estaba prendido, las especias en su estante, el aroma... Todo estaba en su lugar.

La chica aturdida se sentó de nuevo, con las manos a ambos lados de su cara y mirando la madera bajo sus pies. Las lágrimas deberían estar mojando el suelo, pues ella las sentía caer, pero no ocurría. La mujer le puso la taza de té en las manos y le pidió que bebiese.

-Tómalo, y come ahora una galleta. Será tu último placer antes de encontrar la luz.

Claudia obedeció y, esta vez, se percató del sabor de ambas cosas. Era el mejor té que había probado, y la galleta sabía a mantequilla con un toque de canela.

-Está muy bueno, gracias. - Dijo sollozando.

Al acabar de tomar el té, Paz se levantó y tomó de su armario un paquetito que contenía una sal muy especial. Llevaba flores y especias. Esparció sal alrededor de la butaca de Claudia.

-Esto es para que sólo vayas a donde debes ir, no te asustes. Será rápido. Prendió una vela de color blanco y otra de color morado dentro del círculo. -Cuando estés preparada, comenzaremos.

La chica recordó el dolor que sentía mientras trataba de hallar paz en el bosque. Los motivos de su tristeza.

-Estoy lista...

La mujer sonrió, y le dijo que había sido un placer conocerla. Hades, Luz, y Ascensión se colocaron alrededor del círculo, y Paz comenzó a recitar unas palabras en un idioma inteligible para Claudia, quien los miró a todos por última vez y cerró los ojos mientras escuchaba el roneo de los gatos, y el recitar de la anciana.

De pronto, Claudia se dejó ir, y marchó. La butaca quedó vacía, su cuerpo ya no estaba allí. La bruja miró a sus gatos y agradeció la ayuda. Fuera del círculo, volvió a encender una vela blanca para asegurarse de que la joven asesinada años atrás en aquél bosque, no volviese a quedar atrapada en este mundo al que ya no pertenecía.


La cabaña estaba de repente de nuevo abandonada, tapiada, vacía. Parecía que hacía años que no era habitada. Quedaban restos de unas velas en el suelo. Algún tarro roto, o vacío en el suelo. Fuera de ella, en el jardín trasero donde antes pareciera haber plantadas y cultivadas diferentes especias, habían tres pequeñas tumbas. Los tres gatitos habían fallecido antes que la anciana, siglos atrás. El cuerpo de Paz había sido reducido a cenizas durante la Inquisición, pero su alma aún deambulaba por los bosques, al igual que la de sus gatos, así que ella no tenía tumba.


Claudia fue asesinada hacía casi dos años en aquél bosque. Su alma no era consciente de ello porque la muerte fue tan traumática que su alma borró los últimos recuerdos. Hades y Paz habían intentado hablar con ella en anteriores ocasiones, pero el alma de la joven siempre volvía al punto de partida, al lugar de su muerte.

Sólo fue capaz de no salir despavorida cuando estuvo preparada para marchar para siempre. Y ahora, por fin, descansaba en paz. Sin tristeza, sin miedo, sin angustia. Su cuerpo aún sigue enterrado en el bosque, quizá algún día encuentren a su asesino, y con mayor suerte, hallen el cuerpo de la joven, para que su familia pueda velarla y llorarla.

Lo cierto, es que ella ya no estaba más en ése bosque, aunque sus huesos se encontrasen bajo la sombra que sostiene los pinos.