Sugerencia

Recomiendo leer mientras se escucha la música que dejo en cada entrada. De esta manera podrás estar más cerca de mi piel.

lunes, 2 de octubre de 2017

«🖤»

Hacen falta tantos corazones a día de hoy, que voy yo y me los invento.

«La batata romántica». J.A.
 
Hoy sólo me apetece pasarme a compartir una foto, bajo un profundo sentimiento de anhelo. Pensaba hacer una reflexión breve sobre la falta de empatía, no a modo de relato, ni de poema.. sino algo crudo y rasgado. Realidad en forma de palabras. 

Pero creo que ni siquiera es necesario, ya que a día de hoy son pocos los corazones que realmente se llenan amando, y no es necesario que yo os lo diga. Y no me refiero únicamente al plano romántico; sino al respetar y querer a casi cualquier persona. Es algo maravilloso, es algo que pocos hacen. Es algo mágico.

Anoche me dormí triste y hoy de repente, en el "cuarto de las papas", me encontré esta maravillosa batata, a la cual una conocida mía la bautizó como "la batata romántica". Los que me conocen saben que trato de buscarle el lado artístico a todo pero esta vez no fue necesario buscar nada. 

¡Menuda cosa bonita! 

La vida está llena de estas pequeñas cosas, y ojalá la mayoría fuera consciente de ellas y capaz de mirarlas con los ojos del alma.

Qué distinto sería todo, si todos quisiéramos.

lunes, 25 de septiembre de 2017

«En canal: Dolor.»

Quién me mandaría a mí a guardar nuestro hilo.

No he tenido peor idea esta noche que abrir nuestra conversación, esa que hace tanto que no se actualiza. Esa que lleva ahí desde el comienzo.

Nos he leído, X.

Nos he leído con lágrimas en los ojos y una congoja insoportable en el pecho;
un nudo en la garganta que no me deja gritarte cuánto te echo de menos;
un nudo en los dedos que no me permite escribirte un mensaje a estas horas de la noche.
Uno que diga las cosas que no me atreví a decir, uno que diga cuánta falta me haces aún a día de hoy.
Uno que responda a las preguntas ocultas entre tus líneas, y que no vi en aquél momento.

Pero sé que ya es tarde, X. Sé que ya soy invisible, sé que ya no formo parte de tu pensamiento.
Sé que me esfumé poco a poco cuando nos alejamos. Pero tú sigues aquí, y esta noche he cometido el error de mirar a los ojos nuestro pasado. Y ahora no quiero vivir así.

No puedo acostumbrarme a vivir en un mundo en el que yo ya no existo para ti.

Ahora tengo el corazón encogido, a punto de explotar. Hoy hago honor a mi nombre.
Más que nunca, y malditos seamos, X.

Opto por la vía cobarde, y te escribo aquí algo que nunca leerás. Y que si lo haces, no sabrás que eres tú. Pues para nada tu nombre es X. Ocho fases lunares atrás te encuentras inerte en mi pensamiento, a cuál más bonita crezca en este otoño.

Cuánto me cuesta dejarte ir,
cuánto me duele aferrarme al pasado.

Y es que no sé qué me dolerá más;
si retener o soltar.

Esta noche me embriaga la tristeza de nuevo y, la nostalgia por tus palabras se hace presente apuñalándome el pecho y gritándome lo imposible de nosotros.

Si tan sólo pudieras dejar de doler.



sábado, 16 de septiembre de 2017

No me beses en la boca.

"Parece mentira que se haya echado a llover de repente de esta manera, y yo tan lejos de un techo", pensé. Cogí mi bolso y lo coloqué estratégicamente sobre mi cabeza mientras caminaba a pasos largos por aquella avenida desamparada. No se veía nada, entre lo gris del día y la cortina de agua que envolvía el espacio. Los coches pasaban sin cuidado por la carretera y, más de uno me bañó completa. De repente, escuché que un coche se paró a mi lado e hizo sonar el claxon. Me giré y, tras entornar los ojos y poner mi mano a modo de visera playera, conseguí divisar el vehículo de Roberto. Corrí hacia él y me subí, advirtiéndole enseguida que le iba a mojar todo el asiento, pues estaba entera para torcer y tender. Él rió y bromeando me dijo que entonces bajara. Acto seguido, se reincorporó al carril.


-¿A dónde ibas con este tiempo, alma de cántaro?

-Cuando salí de casa no había una nube en el cielo. Acabo de salir de una entrevista, y daba un paseo antes de tomar el bus para ir a casa, y ya ves. En medio del paseo empezó el diluvio.

-Pobre Antonieta... -dijo en tono burlón.

-¡No me llames así!- dije intentando parecer molesta bajo una sonrisa de oreja a oreja y le daba una palma inofensiva en el muslo.

-Vale, Toni. Estamos casi llegando a mi casa, te quedas a comer, te dejo alguna muda mía, y luego te alcanzo a tu casa. ¿Te parece?

-Me has hecho el plan del día, ¡menos mal!, porque no tenía ninguno.- Dije sarcástica.

-Tengo lasaña para comer...


Ambos reímos. Roberto era mayor que yo, y aunque no teníamos una amistad como tal, sí que nos llevábamos muy bien y siempre había complicidad entre nosotros. Me gustaba su compañía, me relajaba.


No tardamos en llegar a su piso. Roberto aparcó el coche y ambos salimos, a la cuenta de tres, corriendo de él hacia el portal del edificio. Su casa desprendía un olor fresco y era más luminosa de lo que había imaginado. Me quedé en el recibidor para no mojar más de la cuenta el suelo. Me descalcé, vi que tenía arrugados incluso los dedos de los pies y eché a reír. Me saqué el abrigo y recogí mi pelo en un bollo alto desenfadado, de estos que me hago a diario para estar por casa. Roberto apareció por el pasillo con una camiseta azul y un pantalón corto de deporte.


-No tengo pantalones que te valgan bien, esto es lo único que tengo.

-Está bien, no te preocupes.


Cogí las prendas y me fui al cuarto de baño para cambiarme. Dudé si la camiseta me serviría, pues él era más delgado que yo. Bastante más, diría. Finalmente tras luchar un poco, entré en la ropa. Aunque quedé marcada por todas partes debido a lo apretada que me quedaba. Salí sonrojada y escuché tenue música en el salón. Caminé descalza en silencio, escuchando la música en busca de Roberto. Reconocía la canción; me encantaba. "No me beses en la boca", de Kutxi Romero. Finalmente a mano izquierda encontré la cocina y allí estaba de espaldas él, mirando dos botellas de vino. Me apoyé en el marco de la puerta y puse mi mano en la cintura.


-¿Buscas el más barato?


Roberto se asustó y dio un brinco que luego trató de disimular. Sonrió.


-Claro, ¿crees acaso que voy a abrir un vino caro para ti? -se paró a mirarme de arriba a abajo y puntualizó-; no parece mi ropa en ti. Ni pareces tú. -Levantó ambas botellas- ¿tinto o blanco?

-Tinto. Pero no es necesario que...

-Eres de las mías.- Interrumpió mientras sacaba dos copas y se dirigía con todo al salón. - Aún es temprano para almorzar, vente para "acá".


Nos sentamos en el sofá, con la música de fondo y la voz rota de Kutxi nos hacía los ecos llenando los espacios en los que dejábamos de hablar para beber o para mirarnos.


Allí sentada a su lado, con su ropa, con su vino, con una música que ahora sería suya también, de repente por un segundo, también me sentí de él. Tenía la sensación de que quería rozarme, de que quería acercarse a mí y besarme mientras sostenía mi rostro en su mano libre.  Me sorprendí a mí misma deseando que lo hiciese.


jueves, 14 de septiembre de 2017

Si lo entendieras.

Si lo entendieras... 

Si no hiciese falta rozarte los dedos de manera despistada, 
o agarrarte el rostro entre mis manos mientras mi mirada no para quieta por tu cara. 

Si no hiciese falta besarte en cada pestañeo que te dedico, 
o susurrarte al oído mis más sentidos deseos contigo. 

Si no hiciese falta disimularlo, 
si no hiciese falta hacerse viejo para llevar ventaja. 

Si entendieras cuánto eres, cuánto significas para mí. Si lo supieras... 

Si supieras que tu mirada es un océano repleto de sueños por soñar 
y de anhelos que ahora son alcanzables. 

Si supieras que ansío sumergirme contigo en el caos de tu existir. 
Si supieras que quiero existir contigo, porque sin ti ya nada tiene sentido para mí. 

Eres mi salvavidas.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Tomemos algo.

El aleteo constante de un alma viviente
traspasa los ecos de la distancia
con decisión y savia.

Que nada se viene solo
a este nido de ruinas
sin un aire de esperanza.

Y una vez aquí
hay que plantarse, denodado,
con certezas claras.

Y está la parte no tan buena,
que es la que te contarán sinceros
los ojos tristes que aquí te encuentres.


viernes, 25 de agosto de 2017

«En canal: El miedo».

Nunca me declaré más humana que cuando descubrí el sentimiento del Miedo.

Se paró ante mí desafiante, con su mirada fija en mis ojos y no esbozaba resquicio alguno de sonrisa en su cara. Sin resonar ni una sola palabra entre nosotros, ató su mano a la mía y pegó su cuerpo al mío.

Levanté la vista; ya frente a mí sólo quedaban pasillos luminosos, salas de espera vacías y un hilo negro que, anudado desde mi cintura hasta algún destino inalcanzable a mis ojos, tiraba de mí hacia aquél interior al que no quería llegar. A mi lado caminaba el Miedo, y yo sabía que pretendía quedarse.

De repente estoy en mi cuarto, en mi cama. Tumbada junto a él. Me mira y sabe lo que pienso, sabe que me duele. Sabe que el dolor cada vez es más fuerte, y las fuerzas son mínimas. Sabe que pienso que me muero. Sabe que la incertidumbre me mata, y ahí está él. El Miedo. No puedo encoger mis piernas, ni estirarlas tampoco sin obtener dolor por la presión. Hay algo dentro. Lo siento, lo noto.
Siento que me quiebro en cada movimiento.

«¡Ayúdame!», grito para mis adentros a cualquier ser del más allá, o a cualquier Poder Supremo que quiera escucharme. Y lo hago en silencio, para no preocupar a quien no puede hacer nada por mí. Es en este momento en el cual me doy cuenta de lo hipócrita que es el ser humano que no cree en Dios, salvo cuando necesita creer que alguien podría ayudarle. Salvo cuando necesita no sentirse sola, aterrorizada, e inmóvil.

Los días de espera son tan largos para mí como larga es la lista de desilusiones de mi vida. ¿Tendrá eso algo que ver? Seguro que sí.

Me acurruco finalmente en su pecho y lloro, la congoja se apodera de mí mientras él me abraza como si me protegiese, y acaricia mientras mi cabeza y le escucho susurrar. Pero no tiene voz. Sin embargo me lo repite, una y otra, y otra vez...

«Te mueres».

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domingo, 6 de agosto de 2017

Ir y venir.

Vienes y vas.
Fluyes cual corriente en mi hondura.
Sollozamos porque está mal,
pero seguimos.
Vienes y vas.
Y la humedad emana entre nosotros.
Somos recipientes llenos de deseo.
Somos flores que se abren
y capullos que se contraen.
Vienes y vas.
Y somos dos culpables que irán al infierno.
E iremos empapados
de sudor y culpa.
Vienes y vas.
Y no debemos, pero sigue.
Sigue hiendo y viniendo
que yo te dejo, que yo quiero ir al infierno.
Vienes y vas.
Y en un último aliento, llegas.
Y con ello, la sensatez del después.