Sugerencia

..................................................................................Recomiendo leer mientras se escucha la música que dejo en cada entrada..................................................................................
...................................................................................................................Advierto que tanto escribo elegante como soez....................................................................................................................

miércoles, 20 de enero de 2016

Tic. Tac.

Necesito tiempo.

Tiempo para mí, y también para ti.

Me ahogo todo el tiempo y nunca termino de hacerlo.

Necesito tiempo para superarte, para desconectar cualquier vínculo emocional que me une a tu imagen. Esa forma tuya que en su día idolatré, y puse en ella toda esperanza, y se convirtió duramente en un anhelo constante.

Necesito desprenderme de tu ropa, de tus manos, de tus ojos...
necesito que te vayas para siempre de mi vida.

Y no porque no quiera volver a verte, sino porque ya me hace tanto daño que he creído perder todo lo que quedaba de mí por el camino que seguí para buscarte. Necesito olvidarte.

Ya no quiero que formes parte de mi ser, no deseo seguir esperando una pista tuya para poder arrojarme a tus brazos. Ya no quiero quererte.

Necesito espacio. Necesito tiempo.
Y la música no ayuda. Las flores, el aire, el camino.... nada es favorable a tu olvido.
Porque a pesar de no querer, en este momento aún sigo queriéndote. Solo que ya no quiero.

Necesito que te vayas.



sábado, 5 de diciembre de 2015

Camino.

¿Hay realmente obstáculos en el camino que transitamos?
 
¿Existen las piedras que nos hacen tropezar una y otra vez en el mismo punto del mismo lugar, aún a miles de kilómetros de distancia de aquella primera vez?
 
¿Estamos atados? ¿Somos realmente libres?
¿Somos la broma del Universo? o... ¿somos uno más que se niega a avanzar?
 
Todo está en la mente. Dicen. El camino está ahí. Sólo hay que cruzarlo con decisión. Que quizás podremos caer, podemos herirnos, podemos sangrar con cada recuerdo o con esa sensación de no saber qué hacemos aquí. Podemos querer abandonar, podemos sentirnos abatidos en algún momento. Pero lo importante es saber dónde está esa maldita piedra, dar las gracias al Universo por haberla puesto en nuestro camino, levantarnos, esquivarla y seguir adelante. 
 
No nos queda otra que aprender de lo malo. De esas experiencias que nos hacen ser quienes somos, por muy heridos que nos dejen. Y aunque nuestro cuerpo refleje eternamente esas cicatrices, si luchamos contra el dolor que el mirarlas nos provoca, tarde o temprano dejarán de doler.
 
El camino está ahí.
 


 

viernes, 27 de noviembre de 2015

Azael.

En el momento en el que la miró, ella supo que nunca la abandonaría. Lo vió en sus ojos cristalinos que parecían esferas de otro mundo.

El la cogió suavemente de la mano como si temiese el rechazo y se llevó sus frágiles nudillos a los labios. Los besó uno a uno con cautela y anhelo. Ella, con su mirada que emanaba una tristeza inocente, no reprimió el impulso de echarse a sus brazos y susurrarle cuánto le echaría de menos. Fue un buen momento, nadie les miraba. Azael la estrechó entre sus brazos y sintió los latidos de su amada contra los suyos. Tenía corazón. Eso era algo que le confortaba, pues según las historias, las mujeres como ella solían ser depravadas con los marineros, y les arrastraban sin compasión hacia lo más profundo del abismo.

Latía con la dulzura de una niña, con pensamientos de mujer. Cogió la cara de Azael con sus heladas y pequeñas manos, y le besó con ternura.

- Ten el viaje a salvo.- le dijo con un hilo de voz.

- Que el tiempo en la mar me permita verte al menos una vez más. - Acarició su carita redonda mientras ella, melosa, movía su cara sobre sus dedos.

Se dió la vuelta y remó hacia el navío. Le observó marchar entre el mar y el cielo, que batallaban por ver cuál de los dos era más oscuro. Dejó escapar una lágrima entre sollozos, y de repente el océano era testigo de su lamento.

Ilustración de la artista Victoria Francés.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Ruska II.

Algo que existe, algo que se ve.
Algo que no puedes tener,
algo que no puedes tocar, ni besar....

Algo que existe, pero que no está.


domingo, 22 de noviembre de 2015

Ruska.

De nombre, Eneida.
De corazón, destrozado.

Es tan frío el aura que me rodea, es de un azul casi pálido que me envuelve de tristeza y desolación. ¿Dónde estás, amor mío? Y mi desgracia es no poder alcanzarte, no poder rozar tu alma, no poder verte ya ni en sueños.... te has marchado, y como bien dijiste, parece que sea para no volver. Me quiebro al recordar el tacto de tu mirada sobre la mía y esa complicidad en la comisura de nuestros labios. Esos labios ahora inalcanzables que han dejado de tener sabor sobre los míos. ¿Dónde estás?... Creo poder morir de desesperación enroscada sobre mí misma en esta habitación, y mis lágrimas, que antes dormían abrazadas a mi alma ahora brotan de mis ojos, tornando nublosa mi vista y descargando el peso de mi corazón sobre mis mejillas. Te quiero. Hace tanto que no te siento, que no te veo, que se me hace imposible no pensar que quizás fue todo un sueño. Pero ¿cómo es posible eso? Si el dolor que llevo sobre mí es real, es palpable y es constante. Sé que existió, sé que estuviste ahí. Y ahora te miro, y no te veo... ya no estás. ¿por qué no puedo alcanzarte? ¿por qué ya no puedo olerte? ni sentir el áspero tacto de tus dedos sobre mí. Te has marchado. Y aquí estoy sola amando todavía a un fantasma que aún late en alguna parte de este mundo. Y es lo que me queda... vivir con tu recuerdo. Aún me parece escucharte reir a lo lejos, aún creo escuchar tu voz resonando como un eco eterno en mi cabeza. Y mi vello se eriza al recordar sutilmente tu aroma, y sonrío a la vez que me rompo por completo. Te echo tanto de menos que creo haberme perdido a mí misma en algún oscuro rincón de la locura, abrazada a ti, aunque ya no estés, aunque sigas estando aquí.


viernes, 13 de noviembre de 2015

Alma.

Bien es cierto que el alma puede reflejarse en las personas. Sólo basta con observar a cada una con atención, pues algunas tienen la capacidad de ocultar en gran parte sus alegrías y sus temores, y otras lo gritan con la mirada. Pero cierto es que el alma se refleja ante cada uno de nosotros, como un espejo que nunca miente, y que nos habla de verdades aunque no queramos escucharlas. Pero si te encuentras cara a cara con este espejo, mirarás a tu propia alma directamente a los ojos con la máxima claridad. ¿Serías capaz de aguantar sus bramidos de desesperación sin apartar la mirada? O ¿sin echar a llorar? ¿Sabes lo que veo yo?...

Un callejón oscuro, de pavimento empedrado y atezados tabiques, mojados por una larga noche de lluvia, con una ligera niebla que parece alzarse del suelo, es ahora el lugar donde camino. Con las manos a los bolsillos de mi largo abrigo y cabizbaja, mirando las puntas de mis zapatos al deambular por aquél lugar. No sé a dónde voy, ni a dónde quiero ir. Sólo sé que camino por un angosto callejón cuyo techo es el cielo completamente negro, y en mi cara seguramente podría reflejarse claramente la amarga luz de la incertidumbre y, probablemente desprendería un cautivador aroma a muerte.

Y así es que... en mi casa ya no hay espejos. Con mi alma ya no quiero hablar, pues no me brinda sosiego alguno ni en esta vida, ni en la que se vé en mis reflejos.