Poco a poco fue saliendo de su plácido sueño y abriendo los ojos con lentitud. A medida que sus párpados dejaban entrever el entorno en el que se encontraba iba comprendiéndolo mejor. Parpadeó varias veces aún con somnolencia. La única luz que entraba a través del ventanal era tenue, y el cielo se alzaba totalmente oscuro y parecía helado. Eso sólo quería significar una cosa; estaba a punto de amanecer.
Jane miró el techo y fue girando lentamente la cabeza hacia su izquierda. Allí estaba él, aún en alguna parte de su subconsciente, ajeno a ella en aquél momento. Parte de su torso desnudo quedaba expuesta. Sus músculos estaban completamente relajados, al igual que él, que siempre parecía una persona tensa a pesar de la integridad que quería demostrar en todo momento. Jane cerró con fuerza los ojos y se sintió por un momento asfixiada por la situación. Habían tenido una noche estupenda de sexo tras algo que pareció ser una cita improvisada.
Se había encontrado con él la tarde anterior en el centro comercial y se habían saludado tímidamente, como de costumbre. Paul la invitó a café y estuvieron charlando en aquella terraza durante una hora y media. Uno de los temas de conversación que desarrollaron con más entusiasmo fue la admiración que ambos tenían por el arte y mitología de Egipto durante época de faraones. Tras esto, le propuso llevarla a casa y enseñarle su colección de revistas, libros y artículos al respecto, y así de paso, invitarla a cenar. Jane accedió encantada. Así que en lo que ella ojeaba las revistas, él preparaba una suculenta ensalada César en la cocina. Ella se había ofrecido a echarle una mano, pero él resultaba ser muy suyo en la cocina... al igual que en tantas cosas. De segundo comerían unos bistécs que hubieron sobrado de su almuerzo y que tenía preparados en un tupper en el frigorífico. "¡Madre mía, qué bueno está!", pensaba Jane, y no sólo sobre la comida. Sin saber realmente cómo, la espontaneidad entre los dos surgió como una llamarada, y de repente estaban ambos bebiendo vino sentados en el sofá. En lo que desencadenó aquello, ya lo sabemos.
Ella se sintió avergonzada en aquél momento, allí tumbada, con ese hombre que casi doblaba su edad. Le sintió moverse ligeramente y le miró. Se estaba despertando, pero ella no estaba a tiempo de levantarse y echarse a correr. El fue haciendo movimientos suaves y abriendo poco a poco los ojos. "Tiene un despertar precioso, parece incluso perfecto", pensó la chica. Paul la miró y sonrió brevemente mientras le daba los buenos días con su dulce voz.
-Buenos días... -empezó a decir. Le temblaba un poco la voz.- Lo siento muchísimo, cerré los ojos un segundo y me quedé dormida, enseguida m....
-Tranquila- la interrumpió- yo también estaba cansado y me dormí, ni me percaté de que seguías aquí... -Le lanzó una sonrisa pícara y prosiguió.- ...quédate un rato más, ya luego desayunamos y, si quieres, te marchas.
"¿Si quieres?" ¿Qué significaba aquél "si quieres"? Estaba confusa, pues una parte de ella deseaba que todo hubiese sido un sueño, y otra parte deseaba que si lo era, no despertase jamás. Ella le devolvió una sonrisa y se percató de que su rostro, finamente iluminado por la breve penumbra de la noche, empezaba a tornarse anaranjado. Miró hacia la ventana y vio que empezaba a salir el sol tras el horizonte del mar. Desde su ventana se veía muy de cerca el azul del agua. Se quedaron en silencio por un momento.
- ¿Te gustan más los amaneceres o los atardeceres?- preguntó él, mientras la miraba.
-Me gustan más los atardeceres, -comenzó a decir a la vez que se giraba hacia él para mirarle.- ...la luz es más intensa y cálida, y se va tornando fría a medida que da paso a la noche. Me encanta ver atardeceres. ¿Y a ti? ¿Qué te gusta más?
Paul miró hacia la ventana y contestó.
-Me gustan más los amaneceres. Uno sabe que va a amenecer cuando el cielo de la noche se vuelve totalmente negro, y parece que no hay nada más gélido que ese momento mientras lo miras, y luego, sin esperarlo, sobre el horizonte se levanta un halo tenuemente anaranjado que empieza a indicar el cambio. - Su voz dulce sonaba triste, y a la vez apasionada y firme. - Ese tono naranja compienza a cobrar intensidad muy poco a poco, tan lentamente que ni siquiera te das cuenta de que es un color que ya se refleja en la parte posterior de las nubes que rondan el cielo. Este va dejando de ser negro, y a su paso se abre una capa que sube expandiéndose desde el mar. Y de repente el cielo no es negro, y la oscuridad restante va dejando paso a un azul menos intenso que, a su vez, deja entrever un celeste. El tono anaranjado va desapareciendo lentamente a medida que el sol empieza a asomar, y varios subtonos azulados, rosados y amarillos alumbran aquél cielo que parecía que permanecería ennegrecido eternamente. Los amaneceres son como tú.
Sobrecogida por aquellas palabras, Jane se limitó a seguir respirando.
Sugerencia
..................................................................................Recomiendo leer mientras se escucha la música que dejo en cada entrada..................................................................................
...................................................................................................................Advierto que tanto escribo elegante como soez....................................................................................................................
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lunes, 6 de julio de 2015
miércoles, 17 de junio de 2015
Deseo.
Dime en qué parámetro de tu pensamiento quedó mi imagen sublevada.
Que puramente carnal es mi deseo.
Hijo de puta. Irracional. Que te crees el centro de universo.
Meramente quiero desnudarte y satisfacer mis deseos.
No quiero amor, ni casamientos.
Ni ataduras de ninguna envergadura.
Sólo te deseo a ti, en este momento.
No me infravalores pensando que estoy ligada a tu persona,
pues soy un ser libre. Y mis instintos naturales me dictan.
Que sepas tú, que yo tampoco te menosprecio.
Quiero ser libre contigo, en este momento.
Que puramente carnal es mi deseo.
Hijo de puta. Irracional. Que te crees el centro de universo.
Meramente quiero desnudarte y satisfacer mis deseos.
No quiero amor, ni casamientos.
Ni ataduras de ninguna envergadura.
Sólo te deseo a ti, en este momento.
No me infravalores pensando que estoy ligada a tu persona,
pues soy un ser libre. Y mis instintos naturales me dictan.
Que sepas tú, que yo tampoco te menosprecio.
Quiero ser libre contigo, en este momento.
martes, 16 de junio de 2015
...
Quiero pertenecer a mis entrañas, y dejar de querer correr por tu piel, y abrirme paso como la luz entre tus escamas.
viernes, 12 de junio de 2015
Just me.
Me desprendí de ti, de cuanto eras.
Y no tengo remordimiento alguno.
Soy libre, y fiel a mí.
Ahora bailo a solas en ropa interior.
Y no tengo remordimiento alguno.
Soy libre, y fiel a mí.
Ahora bailo a solas en ropa interior.
jueves, 11 de junio de 2015
Más azul.
En pocas ocasiones he conocido a gente así.
Eres de esa clase de persona que corta la respiración,
que pasa fugaz ante tus ojos.
De esa clase de gente de la que no quieres olvidar cada detalle.
Cada palabra, cada roce.
Quieres que permanezcan siempre ahí,
poder rozarte sin tenerte a mi lado,
acariciarte bajo una mesa,
mirarte directo a los ojos.
Y lo cierto es que lo hago a menudo.
Cuando mis ojos se cierran veo los tuyos mirándome,
y de repente un escalofrío me recorre el cuerpo
y siento el impulso de lanzarme contra tu imagen
y fundirme en ella.
Lo curioso de esto,
es que cuando te tengo delante no soy capaz de formular palabra.
Me congelo a tu lado, me quedo petrificada.
Y el tiempo pasa de largo mientras no puedo acariciarte.
Y te escapas fugaz entre mis brazos.
Ojalá pudieras entender lo especial y bello que eres,
la luz que desprendes siempre tras esa sonrisa,
y la capacidad que tiene tu presencia
para dejarme sin aliento y helarme el alma.
El cielo envidia lo azul que eres.
Eres de esa clase de persona que corta la respiración,
que pasa fugaz ante tus ojos.
De esa clase de gente de la que no quieres olvidar cada detalle.
Cada palabra, cada roce.
Quieres que permanezcan siempre ahí,
poder rozarte sin tenerte a mi lado,
acariciarte bajo una mesa,
mirarte directo a los ojos.
Y lo cierto es que lo hago a menudo.
Cuando mis ojos se cierran veo los tuyos mirándome,
y de repente un escalofrío me recorre el cuerpo
y siento el impulso de lanzarme contra tu imagen
y fundirme en ella.
Lo curioso de esto,
es que cuando te tengo delante no soy capaz de formular palabra.
Me congelo a tu lado, me quedo petrificada.
Y el tiempo pasa de largo mientras no puedo acariciarte.
Y te escapas fugaz entre mis brazos.
Ojalá pudieras entender lo especial y bello que eres,
la luz que desprendes siempre tras esa sonrisa,
y la capacidad que tiene tu presencia
para dejarme sin aliento y helarme el alma.
El cielo envidia lo azul que eres.
sábado, 6 de junio de 2015
ild.
Esta noche me haces falta.
Necesito tanto poder escuchar tu voz, tenerte a mi lado tendido en la penumbra, susurrando palabras, hablando de la vida. Hoy daría lo que fuera por volver a tenerte aquí, por simplemente sentir tu presencia a mi lado, y que la frialdad se disipe de nuevo.
Si pudieses esta noche apaciguar mi dolor con tu presencia, pues en este momento es todo lo que necesito de ti.
Que estés de verdad, a mi lado. Que acaricies mi mano, que me abraces en la cama. Que te rías y me contagies con tu risa, esa que casi siempre consigue disipar mis enfados.
Ahora mismo te siento tan lejos que no sé si aún existes... y no quisiera saber que ya no estarás jamás. Y me parece tan lejano el día en el que nos abrazamos por última vez, que parece un recuerdo fugaz de un sueño. Echo de menos tu mirada, ver la luz de la luna reflejada en tus pestañas, echo de menos tus labios sobre los míos, y echo de menos el refugio que hallo entre tus brazos. Que ahora mismo sólo querría estar ahí, y llorar en tu pecho.
Porque te quiero tanto, que me rompo cuando no estás.
Necesito tanto poder escuchar tu voz, tenerte a mi lado tendido en la penumbra, susurrando palabras, hablando de la vida. Hoy daría lo que fuera por volver a tenerte aquí, por simplemente sentir tu presencia a mi lado, y que la frialdad se disipe de nuevo.
Si pudieses esta noche apaciguar mi dolor con tu presencia, pues en este momento es todo lo que necesito de ti.
Que estés de verdad, a mi lado. Que acaricies mi mano, que me abraces en la cama. Que te rías y me contagies con tu risa, esa que casi siempre consigue disipar mis enfados.
Ahora mismo te siento tan lejos que no sé si aún existes... y no quisiera saber que ya no estarás jamás. Y me parece tan lejano el día en el que nos abrazamos por última vez, que parece un recuerdo fugaz de un sueño. Echo de menos tu mirada, ver la luz de la luna reflejada en tus pestañas, echo de menos tus labios sobre los míos, y echo de menos el refugio que hallo entre tus brazos. Que ahora mismo sólo querría estar ahí, y llorar en tu pecho.
Porque te quiero tanto, que me rompo cuando no estás.
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