El aleteo constante de un alma viviente
traspasa los ecos de la distancia
con decisión y savia.
Que nada se viene solo
a este nido de ruinas
sin un aire de esperanza.
Y una vez aquí
hay que plantarse, denodado,
con certezas claras.
Y está la parte no tan buena,
que es la que te contarán sinceros
los ojos tristes que aquí te encuentres.
